La anciana que clavaba una estaca en la nieve cada madrugada

La anciana que clavaba una estaca en la nieve cada madrugada

Bajo la nieve, atada a la base de la estaca con un cordel deshilachado, había una pequeña caja de madera. Mateo, con las manos temblorosas por el frío y la emoción, la desenterró y la abrió.

Dentro había una fotografía amarillenta: un hombre joven, sonriente, con uniforme de soldado, abrazando a una muchacha de trenzas oscuras. Al reverso, una fecha: 1962. Y una nota con letra temblorosa: «Mi amor, volveré. Espérame junto al pino grande.»

Mateo corrió a la cabaña con la caja.

—¡Abuela! ¡Abuela! ¿Qué es esto?

Doña Aurelia, que descansaba junto al fuego, palideció al ver la fotografía. Sus manos arrugadas temblaron al tomarla.

—Mi Aurelio —susurró, con los ojos llenos de lágrimas—. Mi esposo.

Lucía se sentó junto a ella, por fin comprendiendo.

—Madre… ¿él…?

—Se fue a la guerra en el 62 —dijo la anciana, con la voz rota—. Me prometió que volvería. Me dijo que nos encontraríamos junto al pino grande, que era nuestro lugar. Pero el pino lo talaron hace cuarenta años para hacer leña.

Señaló por la ventana hacia la estaca en la nieve.

—Esa estaca marca el lugar exacto donde estaba el pino. Cada mañana, clavo la estaca para que no se pierda el lugar. Para que, si algún día su espíritu vuelve buscando el pino, sepa que yo lo estuve esperando. Que nunca dejé de esperar.

Mateo, con lágrimas en los ojos, abrazó a su abuela.

—Abuela, ¿el abuelo nunca volvió?

Doña Aurelia negó con la cabeza, acariciándole el pelo.

—Su cuerpo nunca volvió, mi niño. Pero yo siento que su amor sí. Cada vez que golpeo esa estaca, siento que le estoy diciendo: «Aquí estoy. Todavía te espero.»

Lucía, llorando en silencio, tomó las manos de su suegra entre las suyas.

—Madre, desde mañana la ayudaré yo también. Esa estaca no se va a mover nunca más.

A la mañana siguiente, los tres salieron juntos al amanecer. Y el sonido del mazo contra la madera sonó, por primera vez en sesenta años, acompañado.

¿Crees que el amor verdadero puede esperar toda una vida?