
Min-ho intentó tomarme del brazo para sacarme del salón.
—Hablemos en privado, Ji-hye.
—No —dije, apartándome—. Hablamos aquí. Delante de todos. Como hiciste tú cuando le regalaste las joyas de mi familia a tu amante.
El murmullo se extendió como fuego. Ha-na intentó escabullirse, pero dos esposas de ejecutivos —mujeres que me debían favores de años— le cerraron el paso con sonrisas heladas.
—El collar no fue un regalo —dijo Min-ho, desesperado—. Ella… ella lo tomó. Lo encontró en mi oficina. Yo lo había llevado para…
—¿Para qué, Min-ho? ¿Para qué llevaste MI collar a TU oficina?
Silencio.
Fue entonces cuando Ha-na, acorralada, explotó:
—¡Él me lo dio! ¡Me dijo que su esposa ya no lo quería, que su matrimonio estaba muerto! ¡Me prometió el divorcio!
Saqué mi teléfono. Hacía cuatro meses, desconfiando, había instalado una aplicación que registraba la ubicación de mis objetos valiosos —un chip diminuto que el joyero colocó en el broche cuando lo llevé a limpiar el año pasado—. Mostré la pantalla a los presentes: el historial de ubicaciones del collar. Mi casa. La oficina de Min-ho. Un hotel en Myeongdong. El apartamento de Ha-na.
—Cuatro meses de ubicaciones —dije—. ¿Quieres que lo proyecte en la pantalla grande de la fiesta?
El presidente de la empresa, que observaba desde la mesa principal, se puso de pie. Era un hombre chapado a la antigua.
—Kang Min-ho —dijo con voz de trueno—. Mi empresa no tolera este tipo de… conducta. Queda suspendido hasta que la junta decida.
El divorcio tardó ocho meses. Me quedé con la casa, la mitad de sus acciones y —por supuesto— el collar. Ha-na fue despedida y demandada por recepción de bienes robados; llegó a un acuerdo y devolvió todo lo que Min-ho le había "regalado".
La última vez que vi a Min-ho fue en la firma del divorcio. Me miró con ojos vacíos.
—Lo arruiné todo por nada —dijo.
—No —corregí—. Lo arruinaste todo por un collar que ni siquiera era tuyo para regalar.
Hoy el collar de jade descansa en una caja fuerte del banco. Mi abuela tenía razón: hay que protegerse de los hombres que sonríen demasiado. Sobre todo cuando sonríen mientras te roban.