Se enojó porque nació una niña y no un varón

Se enojó porque nació una niña y no un varón

Doña Teresa respiró hondo antes de hablar.

—Hace quince años, cuando Rodrigo y tú eran novios, su papá vino a verme. Don Emilio. Me pidió un favor muy extraño: que te convenciera de no casarte con su hijo.

Camila frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque don Emilio sabía algo de su propia familia. Algo que los médicos le habían confirmado. En su familia, los varones… no pueden tener hijos varones. Es una condición genética. Todos los hijos de los hombres Santillán son mujeres. Siempre. Sin excepción.

Camila se quedó helada.

—¿Me estás diciendo que Rodrigo nunca…?

—Nunca va a tener un hijo varón. Ni contigo ni con nadie. Su padre lo sabía. Por eso no quería que se casara ilusionado. Pero Rodrigo nunca le creyó. Dijo que su papá estaba loco.

La bebé se movió en brazos de Camila.

—Entonces todo este tiempo… él me culpó por algo que…

—Por algo que viene de él —completó doña Teresa—. Y su padre, antes de morir, me dejó una carta para Rodrigo. Me dijo: «Entrégasela el día que mi hijo culpe a su esposa por darle una hija.»

Doña Teresa sacó del bolso un sobre amarillento.

—Creo que ese día es hoy.

Camila tomó el sobre con manos temblorosas. Esa noche, cuando Rodrigo volvió al hospital —avergonzado, en silencio—, ella se lo entregó sin decir palabra.

Rodrigo leyó la carta de su padre. Dos páginas. Al terminar, se sentó en la silla junto a la cama y se cubrió la cara con las manos.

—Perdóname —dijo con la voz quebrada—. Mi papá trató de decírmelo y yo… yo te grité a ti.

Camila no respondió de inmediato. Miró a su hija, que dormía tranquila.

—Ella no tiene la culpa de nada —dijo al fin—. Ni yo tampoco.

Rodrigo se acercó a la cama y, por primera vez, miró a su hija de verdad. La pequeña abrió los ojos: eran los ojos de él.

—Hola, princesa —susurró, y las lágrimas le cayeron sobre la manta rosada—. Perdóname. Tu papá es un tonto.

Doña Teresa sonrió desde la puerta.

Meses después, Rodrigo enmarcó la carta de su padre y la colgó en el cuarto de la niña. Debajo escribió con su puño y letra: «Mi hija no fue un error. Fue la lección más grande de mi vida.»

¿Crees que Rodrigo merecía el perdón de Camila después de cómo la trató en el hospital?