
Valeria caminó entre las mesas, directa hacia el altar improvisado. Camila la vio venir y su sonrisa se congeló.
—Valeria, ¿qué haces? —susurró.
—Felicitar a los novios —dijo ella, tomando el micrófono de manos del animador atónito—. Diego, qué sorpresa verte. La última vez que nos vimos fue en nuestra propia boda. Bueno, en la que iba a ser nuestra boda, antes de que desaparecieras con mis ahorros.
Un murmullo de horror recorrió el jardín. La madre del novio se puso de pie, furiosa.
—¡Seguridad! ¡Saquen a esta loca!
Pero Valeria no había terminado. Porque esa tarde, escondida tras unos arbustos, había escuchado la conversación entre Diego y su madre. Y ahí estaba el giro que nadie esperaba:
—No te cases por amor, Diego —había dicho la madre—. Cásate antes de los 35 o pierdes la herencia de tu abuelo. Y la niña esta ni se entera: con la mitad que le toca a ella, todos ganamos.
Camila sabía. Su hermanita sabía que era un negocio, que Diego la usaba para cobrar una fortuna, y aun así aceptó. Y la invitaron a ella, a Valeria, porque creyeron que se quedaría callada por vergüenza.
—El té amargo —dijo Valeria al micrófono, mirando a la madre del novio—. Le pusiste algo a mi té para mantenerme tranquila durante la ceremonia, ¿verdad? Qué lástima. Soy alérgica a los sedantes… y a los cobardes.
Camila rompió a llorar. Diego intentó tomarle el brazo a Valeria y ella se apartó como si quemara.
—No me toques. Ya me quitaste cinco años. No me vas a quitar a mi hermana también.
Diego se arrodilló frente a Camila, en el pasto, con el traje arruinado.
—Camila, por favor, yo te amo de verdad. Lo de la herencia era al principio, pero después…
—¡Cállate! —gritó Camila, arrancándose el anillo y tirándoselo a la cara—. ¡Me usaste! ¡Usaste a mi hermana hace cinco años y ahora a mí!
Los invitados empezaban a irse, incómodos. La madre de Diego lloraba en un rincón, su plan desmoronado.
Valeria se acercó a su hermana y, por primera vez en años, Camila se dejó abrazar.
La boda se canceló esa misma tarde. Camila no le habló a Valeria durante un año. Pero un día llamó, llorando: «Tenías razón en todo.»
A veces, arruinar una boda es salvar una vida.
¿Valeria hizo bien en exponerlo todo, o debió dejar que su hermana viviera su historia?